Aquel maravilloso año…

La ilusión de un niño con zapatos nuevos, se parece mucho a lo que siento yo hoy, al volver a mi antiguo colegio después de 18 años. Cierto es, que sólo curse COU allí, pero tantas cosas marcarían mi vida para siempre aquel año, que siempre lo recordaré como uno de los más importantes…

Varios personajes estaban esperando cruzarse en mi camino. El primero, un profesor un tanto especial, que me haría pensar y profundizar, más que nadie. Gracias a sus consejos, apareció en mi vida la Psicología y la Universidad Complutense, me hizo llorar, enfadar y reír, otra de las paradojas de las que tanto me gusta hablar, fue encontrarme con él.

colegioLuego, un par de jesuitas, absolutamente diferentes entre sí. Uno me enseñó la cara más amable de la misericordia y la caridad cristiana, en mis charlas con él, me convencí de que el rostro de Dios era amable y dichoso, de que el Amor es lo más importante. El otro, fue el primero en ponerme a “trabajar de verdad”, meses de preparación rigurosa en lo que es mi segunda vocación, el teatro, para descubrir que todos tenemos dones ocultos, gracias a sus clases de oratoria, empecé a fascinarme por el mundo de la comunicación. Siempre les recordaré a los dos.

Y por último, lo que en psicología llamaría “mi red social de apoyo” más importante: (excluyendo a la familia) mis amigas del alma, las que quedan para siempre, las que encuentras aunque estén a cientos de kilómetros. Todas nuevas, desconocidas hasta entonces, y ahora indispensables en mi vida…

Gracias de corazón a todos, también a los que no he podido nombrar, profesores, alumnos y sacerdotes, fue el año más duro de estudios (mucho más que en la Carrera) y el más divertido y ocioso, ¡qué gran año!

Ahora, vuelvo a aportar yo, mi granito de arena, haciendo lo que me gusta, hablaros de lo mío, esperando que os guste en lo que me he convertido…