Dime cómo soy para saber quién soy

En los primeros años de nuestra vida, aproximadamente hasta los 5 años, raramente reflexionamos sobre cómo somos, si estamos haciendo las cosas bien o no, si vamos por el buen camino o si los demás nos quieren por lo que hacemos o lo que somos. Sólo nos importa sentirnos bien, “a gustito” con nuestros padres y hermanos, con nuestro entorno, que nos proporciona afecto, seguridad y diversión. Sin embargo, son unos años fundamentales para desarrollar la autoestima…

padre e hijoCuando somos pequeños, las personas que nos rodean y que nos quieren, se comunican con nosotros con palabras y gestos, haciéndonos ver que tenemos “algo” dentro que aprecian, que valoran. Son nuestro espejo, nos devuelven un reflejo certero (si lo están haciendo bien, claro está) de cómo somos. Si nadie lo hace, o sólo nos dicen cosas negativas (penosamente se llama más la atención haciendo cosas malas que buenas), llegaremos a creer que no hay nada bueno en nosotros y por lo tanto nada que valorar ni apreciar. Empezaremos el camino de la vida, “cojeando”, sin pisar fuerte y teniendo mil dudas sobre si seremos capaces  de hacerlo bien.

Aunque no quiero ser determinista (siempre tendremos la oportunidad de salir del atolladero), es fundamental que entendamos la labor tan importante que tenemos en este sentido los padres y los educadores: querer, apreciar y proyectar información en forma de mensajes positivos a nuestros hijos es primordial para que empiece a desarrollarse en ellos una sana autoestima y un buen autoconcepto.
Tenemos que reconocer que a todos nos resulta más fácil criticar que alabar, vamos a dejar de poner toda nuestra atención en corregir y regañar, intentemos todos los días decirles cosas buenas, valorar aquello que hacen bien. ¡Ya veréis los resultados!