El poder del lenguaje

Ya vimos en el post “dime cómo soy…”, que eso de “las palabras se las lleva el viento” sólo ocurre algunas veces. Otras, oímos tanto las mismas cosas que acaban determinando nuestro comportamiento. El mundo que observamos, que escuchamos, en el que nos movemos, tiene un peso importante en nuestra manera de pensar .

Pues bien, el lenguaje característico que nos rodea, positivo o negativo, genera la activación de circuitos neuronales que están relacionados con la representación y significado de esas palabras y al final, la plasticidad de nuestro cerebro maravilloso hará que recordemos especialmente aquello que más hemos oído. Lo curioso es que hasta que no ponemos palabras a esos pensamientos que vagan en nuestro interior, no los “materializamos”, cobrando así mayor importancia.

De esta manera cuando repito todos los días un “te quiero” a la persona amada, no sólo sirve para recordárselo y hacérselo ver a ella, sino también a nosotros mismos, reforzando ese pensamiento y sentimiento. Si el contexto cambia y nos vamos a una situación dramática familiar, en la que la violencia verbal esté a la orden del día, antes o después, la agresividad se impondrá también de forma física e irá formando parte de nuestro carácter y personalidad.

Es ésta una de las razones que hace tan importante la reeducación social, aunque no es fácil, empezar haciendo un análisis de qué tipo de palabras predominan en nuestro lenguaje, nos ayudará a saber hacia dónde nos estamos dirigiendo y cómo podemos cambiar…