Para ser justa…

Ahora me toca a mí cumplir años, y como tengo que predicar con el ejemplo, aquí va mi reflexión anual…

He estado pensando sobre la justicia, aquella que debería gobernar el mundo pero que si antes no gobierna nuestros corazones, es imposible de imaginar.

Una vez más, nos resulta relativamente sencillo, observar y analizar las injusticias que se producen a diario en nuestra sociedad. Acentuadas, las diferencias sociales con esta crisis que esperemos pase pronto, vemos como casi siempre sufren los mismos y como los que tenemos más (al menos más de lo necesario para vivir) nos preocupamos en su mayoría, sin ser antes todo lo generosos que la situación requiere.

Anoche, viendo War Horse, le explicaba a mi hija (últimamente inspiración para este blog) como son posibles las guerras, como puede el hombre percibir al otro como enemigo cuando faltan la caridad  y la justicia, cómo, si nos olvidamos de practicarlas en pequeñas dosis, cada día de nuestra vida, comprobamos que por detalles minúsculos somos capaces de enfrentarnos, entonces se hace más comprensible (que no justificable) la sinrazón de las guerras.

En mi intento de explicarle como se puede empezar a practicar la justicia, le hable de la importancia de ser agradecido.

A todos de pequeños nos han dicho alguna vez: “no te dejes comida en el plato, piensa en los niños pobres que no tienen que llevarse a la boca”. Algunos listillos, contestan, ¡pero si esos niños no me ven, mama! O ¡si yo desde aquí, no puedo darles mis sobras!

Sólo cuando entiendes que eres un privilegiado, que tienes la fortuna de haber nacido aquí y ahora, pero que aquellos que ahora mismo lloran de hambre, simplemente no tienen esa suerte, comprendes que sería injusto (que es injusto) que tires comida a la basura. Fijaos con lo difícil que es hablar de la solución para el Hambre en el mundo, lo fácil que es explicarle a un niño, como poder empezar a practicar la justicia, como empezar a ser justos…

Dar las gracias, no cuesta nada, cuando alguien hace algo por ti, es una manera sencilla de devolverle el favor, o sea, de practicar justicia. Muchas personas te dirán: no hace falta que me des las gracias. A mí me gusta contestar (debo ser una contestona) que sí hace falta, que me gusta hacerlo y que de hecho me hace bien, que tú tengas un detalle conmigo sin esperar nada a cambio, no significa que yo no deba mostrarme agradecida.
Pues bien, en mi intento de ser justa hoy, después de cumplir un año más, quiero mostrar mi agradecimiento.

Gracias Dios mío, por la Vida que me has regalado, gracias por todas y cada una de las personas que has ido poniendo en mi camino, gracias por el Amor que recibo cada día de mis seres queridos, y gracias por mantener encendidos,  lo que en su día me explicaron que son “los deseos del corazón”.

Muchísimas gracias, a todos vosotros por vuestro afecto y muestras de cariño.