Recalculando

gpsAyer, como tantas otras veces, intenté seguir la trayectoria que marcaba el GPS, pero como no lo conseguí a pie juntillas, volvió a escucharse: “recalculo de ruta”.

Una de las competencias más solicitadas por casi todas las empresas, es la capacidad de adaptación y la flexibilidad. Más válidas aun en el día a día. Su polo opuesto es la rigidez, y el mejor entrenamiento para desarrollarlas es la vida misma.

Y es que dicha capacidad facilita mucho las cosas: son tantas las ocasiones en las que tendremos que “recalcular” que, a medida que lo hagamos de forma natural y sencilla, ganaremos en sabiduría.

Crees que estás en camino, que todo está en orden, pero vuelve a ocurrir algo que te obliga a alterar tus planes. No hace falta que penséis en grandes acontecimientos, también sucede con pequeñas cosas: una llamada de teléfono cuando estás a punto de salir por la puerta; un ingrediente que no encuentras en una comida que ya estás preparando; un coche que no arranca cuando sales justo a una cita…

Como siempre, a medida que somos flexibles en lo pequeño, podremos serlo en lo grande. Cierto es que mi caso es un tanto exagerado, no hace falta que os tengáis que mudar de ciudad 7 veces como me ha ocurrido, pero os invito a que toméis conciencia de cuántas cosas os han forzado a recalcular.

Una vez más veo ventajas donde antes veía inconveniente, frustración e incluso impotencia. Y es que, a medida que tienes que recalcular, ganas en capacidad de adaptación, renovando fuerzas y entusiasmo, resistencia y visión. Creciendo en definitiva, haciéndote mejor.

Y es que los cambios son buenos. Y todos cambiamos con el paso de los días. Al igual que hasta el silencio es comunicación, la inmovilidad es cambio. Si no aceptas tu necesidad de crecer, te estás haciendo más rígido e inflexible. Y me temo que, aunque negativo, eso también es cambio…